Un nuevo amanecer, los rayos del sol
tibiamente bañaban la ventana. Era un espléndido día de primavera. Victoria
dormía con su cuerpo en posición oblicua y Víctor la abrazada por detrás.
Entonces en un suspiro, una larga aspiración
y él despertó; empezó a acariciarla a la vez que quitaba su pequeña melena de
su carita de ángel, de sus ojos. Se incorporó y la beso diciéndole: “cariño,
dormilona, despierta” y entonces empezó a besarla. Y ella, al notar sus besos,
esbozó una leve sonrisa, se dio la vuelta y lo abrazó.
Víctor empezó a besarla por los ojitos
(aún desperezándose al día), por su naricita, por sus mejillas, hasta llegar a
su boca y se fundieron en un cariñoso beso.
Se levantó y le dijo a ella que no se
moviera de la cama, que estuviera un poco más. Entonces se adentró en la cocina
y preparó un suculento desayuno a base de tostadas de mantequilla, zumo de
naranja y unos cafés con leche. Entró a la habitación y le dijo que se
incorporará. Ella al ver esto, le dijo: “!!ay!!, qué bien. Ven cariño!! Y le
dio un beso. Víctor se sentó en la cama y desayunaron.
Una buena ducha y ambos dedicaron la
mañana a sus tareas, no sin antes despedirse con otro beso antes de separarse.
Y llega la tarde tras una suntuosa
comida. Sin televisión, sin ruido alguno que entorpezca una conversación a la
par que esas viandas preparadas juntos. Ella se ha encargado de la comida y él,
el resto, preparación de la mesa, cubiertos, ensalada, bebida, pan…………y amor. Y
hablan y hablan, y sonríen y se miran a los ojos, y se susurran mimos y “te
quieros”.
Y a eso de las 5 deciden salir a
pasear por la playa; descalzan sus pies con el calzado en la mano. Víctor la
acoge con su brazo y Victoria se acurruca en su pecho sintiendo los pausados
besos que él, al ser más alto, propina en su cabecita, en su pelo.
La playa es testigo de sus huellas, de
sus pisadas, de esos pequeños y tiernos pies de ella y que la arena se dedica a
jugar con ellos entremezclándose entre sus deditos.
El mar suena a gloria, bañando con el
susurro de las olas sus pies descalzos. Gaviotas sobrevuelan con sus graznidos
acompasados. Y una brisa marina golpea en sus cuerpos.
En un momento dado, Víctor se detiene y
ella se sobresalta y despega su cabeza del pecho de él.
Entonces la mira a los ojos y le dice
“te quiero”, besándola apasionadamente en la boca donde sus lenguas se dedican
a bailar entre ellas, cómplices de la sensualidad del momento.
Saciados ambos de sus labios, de sus
besos, él se agacha y acariciándole los pies, los mima y limpia del barro
arenoso y los besa. Suavemente sube sus manos por las piernas y al llegar a la
cintura, la agarra con fuerza y levanta por encima de la cabeza de él, mientras
ella extiende sus brazos en señal de libertad. Al viento, como una paloma
libre. Ella le dice sin parar de reír, que está loco y entonces con ternura la
deja deslizar hasta su boca y la besa.
Vuelven a casa y tras una ducha juntos
donde las caricias se mezclan con el jabón y la esponja, preparan la cena.
Refresca la noche y Víctor enciende la
chimenea. Y cuando la parafernalia de la cena ha terminado. Él va al dormitorio
para ponerse un pijama y estar más cómodo. Entonces Victoria le dice
pícaramente que espere; se adentra en la habitación y cuando está tumbado en
una rica alfombra llena de matices y colores, ella sale radiante, preciosa,
sensual, con un picardías lleno de transparencias que deja entrever la
voluptuosidad y esplendor de su cuerpo. Esos senos que enriquecen su relieve
corporal, esa cara maquillada realzando su ya belleza, y esos andares que
inducen a la lujuria.
Víctor da rienda suelta a su imaginación
y cuando la tiene delante de él, como un perrito que adora a su amo, empieza a
lamer con suavidad sus pies. Victoria sonríe porque nota cosquilleo, pero a la
vez siente un leve placer indescriptible y nuevo para ella. Entonces poco a
poco las manos de él empiezan a deslizarse por sus hermosas piernas, mientras
su lengua sigue el rastro de las mismas para no dejar centímetro alguno sin
caricias y el tacto suave y esponjoso de su lengua.
Victoria cierra los ojos y empieza a
respirar con intensidad, se echa en la alfombra junto a él y se besan
apasionadamente. Sus bocas se pierden en mil besos, ambos se acarician y él,
desnudando su cuerpo, toma la decisión de dejar por un momento los labios de
ella para besarla en el cuello. Es entonces cuando ella se deja hacer, se deja
llevar. Está sintiendo un placer enorme y va notando que la humedad de esa boca
va bajando poco a poco por su cuerpo.
Nota que se detiene en sus senos y él
mientras juega con uno de ellos besuqueando esa areola mamaria, con la otra
mano acaricia el otro pecho. Victoria no puede más, se le nota en la expresión
del rostro, en los senos que se ponen turgentes.
Va notando que esa desconcertante lengua sigue
bajando a la altura de su sensual vientre. Empieza a hacer círculos con sus
besos en el ombligo, toda vez que sus manos siguen jugando y jugando con los
pechos de ella.
Víctor está también excitado, no sólo
por él, por ese increíble juego con la mujer de su vida, sino por verla a ella
radiante de deseo, pero no ceja en su empeño de seguir jugando con la pasión.
Es entonces cuando sus labios llegan a
ese monte de Venus y a su sexualidad. Él se da cuenta de su tremenda excitación
porque los jugos de su sexo delatan su deseo. Su boca, sus labios, su lengua,
empiezan a juguetear con él que se estremece en pausadas convulsiones de placer;
la oye gemir, sus jadeos son continuos y abre más y más sus muslos como si no
deseara otra cosa que sentir a Víctor en esa parte de su cuerpo, con su boca y
que arde y arde como el más desbordante de los calores.
Las manos de ella van a la cabeza de su
amado y entremezcla sus dedos en su pelo, incitando con caricias para que no
pare, que siga y siga……….es algo que nunca ha sentido. Ella está desbordada de
una alocada tensión sexual, de placer. Su líbido alcanza niveles épicos.
Cuando la pasión está a punto de
desbordarse, Víctor se incorpora y se deja acariciar su sexo por ella, por sus
manos, por su boca que se apodera de su miembro viril, y entonces, ya no pueden
aguantar más.
Él se tumba boca arriba y ella se desliza
sobre él, su cuerpo erguido deja entrever la maravilla de sus senos al aire;
Víctor con suaves movimientos sigue sintiendo como se estremece el cuerpo de
ella dentro de él, mientras sus manos acarician sus pechos son delicados
movimientos.
Victoria empieza a agacharse para
besarlo y él aprovecha para seguir jugando con sus pechos, esta vez con su
boca, con sus besos.
En un momento y aprovechando su
fuerza, la abraza y le da la vuelta, él sobre ella. Víctor no deja de mover sus
caderas como si fuera un molinete erótico para que pueda sentir más su gozo y
su sexo.
Llega el momento cumbre y siguen
haciendo el amor como locos descontrolados, se aman sin piedad en el tiempo,
hasta que por fin llega el momento cumbre donde el conocimiento les abandona.
Ha sido extraordinario, una explosión
de placer infinito. Un climax que nunca ambos han sentido.
Quedan exhaustos en la alfombra y él al
darse cuenta de las gotitas de sudor de Victoria, las seca suavemente y besa su
frente, sus ojos, su naricita, su boca. Y cuando termina, la mira a los ojos y
ve que está sonriente y llena de placer, entonces, se acerca a sus orejitas y
le dice: ¡!Amor mío!! TE QUIERO.
El resto, abrazados desnudos toda la
noche al calor de esa chimenea cómplice de tanta pasión y esperar que el sol
vuelva a iluminar de nuevo, un nuevo día, un nuevo gozo y todavía
MÁS AMOR,
porque saben que esto ha sido
UN DÍA EN LA VIDA, con la certeza que les
queda el resto de sus vidas para seguir teniendo más días, más vida y más amor.
Berni